360° de Futbol.

Pepe del Bosque
@pepedelbosque








viernes, 23 de octubre de 2009

Motivo por el cual el Barca perdio ante el Rubin.


Podemos aceptar que el Barcelona está espeso, lento y carente de algunos destellos individuales que, al servicio de lo colectivo, hacían la diferencia. Contrariamente a los que muchos piensan, el planteo del campeón ruso no es novedoso ni la razón más destacada de la derrota blaugrana.


Si mal no recuerdo, y a excepción del Real Madrid en el Bernabéu el día del 2-6, del Chelsea en Londres con 1-1 final y del Atlético de Madrid en el Calderón -4-3 para los colchoneros-, todos los equipos que jugaron contra el Barça dispusieron un 4-4-2 o un 4-5-1 'compacto y ordenado'. Luego, no está en la táctica rival, ni en la supuesta depresión de Lio Messi -argumento más repetido a estas horas por los 'psicólogos' que pueblan nuestros medios- las argumentaciones más convincentes.


Sin embargo, y tratando de entender en la cuestión física, plasmada en la lesión de Dani Alves ahora y en la de Titi Henry, antes-, las causas de la falta de frescura ya adelantadas en otros artículos, podemos, al menos, dar un margen de duda y enumerarla como uno de los axiomas que conviven en los razonamientos posibles.


Pero más allá de ello, y por primera vez desde que Guardiola conduce al equipo, vimos una confusión de estilo y una elección de caminos equivocados para torcer al rival. Y es en Adrés Iniesta, en donde encontramos el más claro paradigma de lo que el Barcelona nunca hizo y ante el Rubin sí, lo que contribuyó a un embudo del que se escaparon tres puntos y algo más importante: el concepto de equipo.


Iniesta, quizás producto de la ansiedad en la que vive por no haber jugado con regularidad desde la final de Roma, equivocó todos los caminos y se erigió en un falso conductor de los blaugranas, quitándole, por un lado, protagonismo en la orquestación a Xavi, y anulando, con sus decisiones erróneas, los ataques culés.


Andrés se ha caracterizado por ser un jugador de toque y búsqueda, de desequilibrio en los últimos metros y de cierta capacidad goleadora. Estando en plenitud, es un jugador muy importante para el Bercelona, pero oscureciendo los caminos con caprichos individualistas, comete dos errores imperdonables: primero, y el más importante, corroe la esencia colectiva en el que el Barça basa su juego, y en zonas peligrosas; y, segundo, se convierte en un jugador vulgar.


Físicamente se lo ve bien, rápido y ágil, pero mentalmente -se supone por los antecedentes- vivió ante el Rubin una enajenación transitoria: tocó mal, regateó en zonas donde se impone la circulación y terminó yendo al choque. La ecuación toco-busco-desequilibro, fue reemplazada por el regate-imprecisión-pérdida de balón.


Está allí, en la confusión del estilo y la pérdida coyuntural de la esencia blaugrana, el principal argumento de la derrota ante un equipo que tiró tres veces a puerta. Y el ejemplo total de lo que estoy diciendo es el segundo gol ruso: un Barcelona saliendo, 'error no forzado', contra y 1-2. Fin de la historia.


Aún así no es preocupante, pero sí un aviso: si Guardiola no corrige el error y vuelve a las fuentes del éxito -el toque y la simpleza como madre del triunfo- veremos un Barcelona en caída libre. Se puede jugar mal, regular o bien, pero las convicciones, producto de las ideas y del trabajo, no deben claudicar. Sería no sólo perder un partido, sino traicionar la identidad, lo cual sería imperdonable.



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